Primer impacto: Una pareja.
Veo una pareja. Un hombre y una mujer tomados de la mano.
Pienso en lo que hay detrás de la escena. Él se ve satisfecho. Ella da la impresión de que ha ganado un premio. Caminan pausadamente, mirándose de reojo de vez en cuando.
Y yo decido capturarlos con mi cámara fotográfica mientras pienso:
EL AMOR ES UNA MIERDA.
Van hablando en voz baja, sus miradas son chispeantes. No parece que se entiendan a la perfección, pero esbozan sonrisas leves cada vez que se dicen algo. Sin duda es una relación en ciernes.
Los capturo con la cámara nuevamente, y escribo algo.
Pienso en ellos por un momento, pienso en mi.
La cámara permanece sola en el tripié, lista para ser disparada.
Y pienso en aquella mujer... ¿Cómo me veía yo mientras estaba en el coso? Entre alegría, la sensación de portar mi pertenencia más valiosa y esa necesidad de cuidar hasta el más mínimo detalle todo el tiempo, deseando evitar a toda costa que la magia se desmoronara.
Y finalmente se desmoronó.
Y desde la barrera parece tan fácil, tan divertido... Aquí desde la cafetería, con un espresso doble en la mesa, y la cámara en el tripié, lista para ser disparada.
Y parece tan fácil...
Es sólo que hubo un momento en el que ella era mi mundo, la razón por la que yo hacía todo. Ella era mi espectadora... O así deseaba verla yo...
Mis fotogramas, mis escritos, mis deportes, mi música, mi visión personal del amor. Todo era una plática interna con ella, en donde quiera que se encontrara cuando yo hacía mis cosas.
Mi visión personal del amor. De esa cochinada que el común de la gente llama amor.
Me dijo que no sabía en qué momento fue. Yo me imagino cuál fue. Así sucedió.
"NI POR EQUIVOCACIÓN VUELVAS A BUSCARME".
Y ahora estoy tan lejos de ella, enfrascado en nuevos proyectos.
Pero no niego que algunas veces miro de reojo el pasado.
Es extraño esto de instalarme en una cafetería para retratar a la gente que pasa, ¿no? Parece un acto de depravación.
Pienso en lo que hay detrás de la escena. Él se ve satisfecho. Ella da la impresión de que ha ganado un premio. Caminan pausadamente, mirándose de reojo de vez en cuando.
Y yo decido capturarlos con mi cámara fotográfica mientras pienso:
EL AMOR ES UNA MIERDA.
Van hablando en voz baja, sus miradas son chispeantes. No parece que se entiendan a la perfección, pero esbozan sonrisas leves cada vez que se dicen algo. Sin duda es una relación en ciernes.
Los capturo con la cámara nuevamente, y escribo algo.
Pienso en ellos por un momento, pienso en mi.
La cámara permanece sola en el tripié, lista para ser disparada.
Y pienso en aquella mujer... ¿Cómo me veía yo mientras estaba en el coso? Entre alegría, la sensación de portar mi pertenencia más valiosa y esa necesidad de cuidar hasta el más mínimo detalle todo el tiempo, deseando evitar a toda costa que la magia se desmoronara.
Y finalmente se desmoronó.
Y desde la barrera parece tan fácil, tan divertido... Aquí desde la cafetería, con un espresso doble en la mesa, y la cámara en el tripié, lista para ser disparada.
Y parece tan fácil...
Es sólo que hubo un momento en el que ella era mi mundo, la razón por la que yo hacía todo. Ella era mi espectadora... O así deseaba verla yo...
Mis fotogramas, mis escritos, mis deportes, mi música, mi visión personal del amor. Todo era una plática interna con ella, en donde quiera que se encontrara cuando yo hacía mis cosas.
Mi visión personal del amor. De esa cochinada que el común de la gente llama amor.
Me dijo que no sabía en qué momento fue. Yo me imagino cuál fue. Así sucedió.
"NI POR EQUIVOCACIÓN VUELVAS A BUSCARME".
Y ahora estoy tan lejos de ella, enfrascado en nuevos proyectos.
Pero no niego que algunas veces miro de reojo el pasado.
Es extraño esto de instalarme en una cafetería para retratar a la gente que pasa, ¿no? Parece un acto de depravación.
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